LES IMMORTELS

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Correspondance des États-Unis

El acuerdo con Irán: Washington apuesta por la diplomacia después de años de bloqueo

Con la reapertura del Estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo de puertos, Estados Unidos abandona una estrategia de asfixia económica. Pero los sesenta días de negociaciones que vienen dirán si esta apuesta por la razón puede realmente sostenerse.

Cuando ambos bandos necesitan lo mismo, existe al menos una grieta por donde puede colarse la paz.

Hay algo de alivio en el aire cuando una potencia como Estados Unidos decide soltar la cuerda que estrangula el cuello de un adversario. El levantamiento del bloqueo de los puertos iraníes, anunciado esta semana por el Pentágono, marca un giro que algunos verán como claudicación y otros como sentido común—depende de dónde se mire y con qué cicatrices se carga. Después de años de presión económica implacable, de sanciones que ahogaban el comercio y la vida cotidiana de millones de personas, Washington elige ahora la vía de la negociación. No es rendición; es reconocimiento de que hay momentos en que la fuerza bruta agota su utilidad.

Lo que importa ahora es lo que suceda en esos sesenta días venideros. Macron ya anuncia que Francia «ayudará técnicamente» a reabrir el Estrecho de Ormuz. Las potencias europeas se mueven. Pero el acuerdo es frágil como vidrio mojado. Irán afirma salir reforzado de estas negociaciones, cosa que puede ser verdadera o mentira estratégica—tal es la naturaleza del juego diplomático. Lo cierto es que ambos bandos necesitaban una pausa. Estados Unidos necesitaba desatascarse de un conflicto que le sangraba recursos y prestigio; Irán necesitaba respirar. Cuando ambos necesitan lo mismo, existe al menos una grieta por donde puede colarse la paz.

Pero preguntémonos lo que nadie quiere preguntar en voz alta: ¿para qué fue esta guerra? ¿Qué se ganó con años de bloqueo y hostilidad? Los analistas occidentales ya se lo plantean. El estadounidense común, aquel que carga con los impuestos y las consecuencias de las decisiones de Washington, quizá se lo pregunta también en silencio. Porque las guerras económicas, como las de fuego y sangre, dejan cicatrices. Cobran su precio en vidas humanas, en oportunidades perdidas, en confianza erosionada.

Lo que vemos ahora es un experimento: ¿puede la diplomacia realmente reemplazar la presión? ¿O es solo una tregua antes de que los halcones vuelvan a gritar? Los próximos dos meses lo dirán. Mientras tanto, en el Estrecho de Ormuz, los barcos pueden volver a navegar. Es poco, pero en este mundo nuestro de fuego y hielo, a veces lo poco es todo.

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