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El cese al fuego entre Israel y Hezbolá: cuando la potencia se rinde a la prudencia

El acuerdo alcanzado entre Israel y Hezbolá, mediado por Estados Unidos, revela el agotamiento de ambos bandos y marca un giro decisivo en el equilibrio de fuerzas de Oriente Próximo.

La fuerza, cuando es aproximadamente equivalente, engendra no la victoria sino la ruina mutua.

Lo que acontece en el Levante cuando Washington logra imponer un cese al fuego entre Israel y Hezbolá no es simplemente una pausa en los combates: es la manifestación visible de un cambio profundo en la geometría del poder regional. Durante meses, los misiles de la milicia libanesa han llovido sobre el norte israelí mientras que las bombas israelíes devastaban el sur del Líbano. Los dos contendientes creían poder imponerse por la fuerza. Ambos descubren ahora que la fuerza, cuando es aproximadamente equivalente, engendra no la victoria sino la ruina mutua. Este es el principio eterno que gobierna toda contienda entre potencias de rango comparable: la razón acaba por imponerse cuando la sinrazón amenaza la existencia misma.

Pero la cuestión que plantea este acuerdo va más allá del teatro libanés. Revelaría una América capaz aún de mediar, de arbitrar el conflicto mediante la persuasión cuando la fuerza sola ha fracasado. Sin embargo, debo reconocer que los hechos me resultan aquí parcialmente oscuros: ignoro si este cese al fuego es fruto de una estrategia estadounidense coherente o si responde a presiones internas y a la necesidad de estabilizar una región que amenaza con descomponerse. Lo que sí observo es que ninguna de las partes ha obtenido una victoria clara, lo que sugiere que el agotamiento mutuo ha primado sobre la ambición territorial. Ello habla del desgaste de las guerras de desgaste.

Lo que verdaderamente importa es lo que este acuerdo presagia para el orden internacional. Si Israel y Hezbolá aceptan la moderación, es porque perciben que la prolongación del conflicto les costará más de lo que pueden ganar. Este equilibrio del terror, bien entendido, produce a veces la paz. Las naciones no renuncian a sus objetivos por virtud, sino cuando comprenden que el precio de proseguir supera el beneficio esperado. He aquí por qué el comercio, la interdependencia económica y el cálculo racional constituyen fundamentos más sólidos de la paz que cualquier promesa de hermandad universal.

Sin embargo, permanece una inquietud mayor: ¿hasta cuándo durará este armisticio? ¿Qué garantías lo sostienen en un Oriente Próximo donde los resentimientos fermentan bajo la ceniza del cese al fuego? No puedo responder con certeza. Pero sé esto: toda paz frágil es mejor que ninguna paz, y toda tregua que respeta la dignidad de los vencidos siembra semillas más duraderas que la humillación de los derrotados. Este acuerdo, si resiste, demostrará que incluso en las regiones más inflamadas del mundo, la pasión cede a veces ante el cálculo.

Source : Carbon Majors (InfluenceMap) — la liste complète des 178 producteurs (entreprises et États)

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